Un trabalenguas que me acompaña

Estando en clase, hace ya muchos años, aposté con un compañero para ver cuál de los dos sería capaz de memorizar un trabalenguas ilegible en menos de un minuto. Pusimos el cronómetro en marcha y me concentré de tal manera que se me quedó grabado a fuego. Es curioso que no recuerdo qué compañero era exactamente, no recuerdo quién de los dos ganó la apuesta, tampoco qué profesor estaba dando clase ni dónde estábamos sentados. Lo que sí recuerdo perfectamente, sílaba a sílaba, es el dichoso trabalenguas:

El suelo está entarabicuadriculado
quién lo desentarabicuadriculará
el desentarabicuadriculador
que lo desentarabicuadricule,
buen desentarabicuadriculador será.

 

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