Asuntos inquietantes(I)

¿Qué clase de duende maligno se dedica a hacerle nudos marineros a los auriculares del MP3 mientras duermo? ¿Será el mismo que se entretiene en aflojarme los cordones o en meterme guijarros dentro de las zapatillas cuando camino? ¿O tal vez como aquel otro que espera a que guardes el móvil en el bolsillo para llamar a tus amigos por ti? ¿Y qué me dices de los que por la noche sacan las sábanas y las mantas para que pilles el resfriado del año? ¿Faltos de atención, se aburren demasiado o simplemente son unos hijos de puta?

 

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2 respuestas a Asuntos inquietantes(I)

  1. ¿Sabes? Estoy preparando un cuento con cada una de mis clases de 1º ESO. Lo escribimos todos juntos (las ideas son de ellos, de hecho), con el fin de representarlos para 1º y 2º de primaria en el 2º trimestre, justo antes de las vacaciones de Semana Santa. Yo, como escritoria aficionada que soy, intento corregirles algunos errores de expresión y ortografía… pero repito, las ideas son de ellos y de su imaginación.

    En 1º ESO B se han inventado un cuento llamado “Lolo, el duente”. Lolo está bastante triste, porque es un duente más bien grandote y no puede entrar en su casa junto con su familia. Los demás duentes se ríen de él por ser más alto de lo normal… Lolo es un ejemplo de discriminación “duenderil”.

    Lo mismo, por venganza y despecho hacia el mundo en general, mágico o no mágico, se dedica a liarte el cable de los auriculares, a destaparte mientras duermes o a juguetear con tu móvil de formas varias hasta desquiciarte…

    … vaya tela con Lolo.

    O a lo mejor, Lolo es inocente y tan sólo el duente maligno que tú buscas se llama Casualidad, o si lo prefieres, Destino.

    Y mira que la Casualidad y el Destino son traicioneros… y juegan malas pasadas.

    Me ha encantado leer esta entrada.

    Abrazos

    Catherine Heathcliff.

    • Pedro Pablo dijo:

      Gracias Catherine, yo te digo que el otro día estuve más de diez minutos quitando nudos de los auriculares y dando vueltas con la bici un par de neuronas se entretuvieron pensando que pudo ser cosa de duendes. También imaginé llevar ese mundo ‘duenderil’ al de los humanos y pensar cómo me tomaría que un ser de un tamaño descomunal lo pisara una y otra vez sin poder hacer nada. Si tan sólo pudiéramos hacerles perder el tiempo haciendo nudos a los auriculares o aflojando algunos cordones… sería una pequeña victoria.

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