El retrato de Dorian Gray y nuestro reflejo

Me aventuro a escribir un post sobre “El retrato de Dorian Gray” con sólo haber visto la película, y esto debe de ser un delito. La historia cuenta que Dorian, un joven aristócrata, quería permanecer siempre joven tal y como aparecía en su retrato. Desde ese mismísimo instante el joven Dorian consigue su propósito, sella con sus labios el pacto: será su retrato en lugar de él quien envejezca y muestre su verdadero rostro y el de su alma. Pero claro como todos los pactos con la muerte Dorian tuvo que pagar un alto precio. Os dejo a vosotros mismos para que lo descubráis porque el motivo real de este post es el de comentar la temática de la obra.

Es cierto que la historia recuerda una y otra vez al mito de Narciso quien prendado de su propio reflejo se arrojó a las aguas. Pero además Oscar Wilde añade a Dorian una multitud de matices que enriquecen al mito al hablar de moral, ética, libertad, estética, hedonismo, dandismo, sexualidad, etc. Hablemos de moral, ética y libertad. El protagonista se debate siempre en lo que tiene o no que hacer, si se fuma o no el primer cigarrillo, si se va o no de putas de camino al teatro para ver actuar a su prometida y ya en los confines de su dilatada moral si tiene o no que asesinar a un hombre para ocultar su secreto. Es así como Dorian da forma a su verdadero ser que se muestra en el cuadro, tomando decisiones. Es ahí cuando uno se pregunta ¿cómo será mi propio retrato interior, ese que nadie puede ver por mí? ¿Cómo sería el retrato de mi alma, o desde un punto de vista materialista menos literario por cierto, el de mi propia humanidad? ¿Hasta dónde estaría yo dispuesto a llegar dejando esa humanidad de un lado con tal de conseguir mis propósitos? En última instancia la gran pregunta ética ¿Qué debo hacer? El protagonista, que en un principio aprende a menospreciar el pasado porque lo mejor de éste es que es pasado mientras ensalza constantemente el presente y el beneficio pasajero de los placeres del momento (los cirenaicos) acaba por darse cuenta, su propio reflejo en el retrato se lo recordará permanentemente, que uno no puede huir de las decisiones que toma, que uno siempre es las cosas que ha hecho o las que no ha hecho. Sartre dirá que el hombré está condenado a ser libre, el hombre es su libertad. Y Dorian, ese iluso y moldeable joven es ahora un monstruo.

Se podría desarrollar muchísimo más la temática, hablar sobre el hedonismo, los placeres cirenaicos y los ataráxicos, sobre el homoerotismo presente en la obra, la relación entre el artista, la obra y el objeto de inspiración en este caso Dorian, pero no hay tiempo para ello. Me contento con haber puesto unas pinceladas sobre la ética, moral y la libertad.

Dejo unas cuantas citas de la película que merecen la pena: “La gente muere de sentido común, Dorian, con una oportunidad perdida tras otra. La vida es el presente, el futuro no existe. Haz que la vida arda siempre con la llama más intensa”, “El único camino para deshacerse de la tentación es ceder a ella”, “Lo verdaderamente maravilloso del pasado es precisamente que es pasado”, “Concentrarse en los instantes de la vida, que no es en sí misma más que un instante”, “¿Conciencia es la forma educada de decir cobardía?”

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