Breviario para un ateísmo militante

He aquí un extenso documento sobre ateísmo que encontré por la red hace ya unos años. Me resulta bastante interesante. También podéis descargarlo aquí

Breviario para un ateísmo militante. 30 preguntas y 30 respuestas para el ateo de a pie

0. Apertura

El presente documento no pretende ser tratado, ni ensayo, ni artículo científico, ni nada parecido. Como reza el título, son 30 preguntas y 30 respuestas breves acerca de la (in)existencia de Dios, no presuponiendo ni lo uno ni lo otro, sino razonando y en algunos casos, abriendo nuevas preguntas que no invalidan el objetivo de encontrar explicación: lo pretenden reforzar.

En cualquier caso, y reconociendo que éste no es más que un breve/rápido/algo descuidado esbozo, agradecería cualquier aportación/sugerencia/comentario/crítica/etc., que podáis hacerme llegar a:

gMail & gChat: miguelpinol@gmail.com

IM: mpinolalda@hotmail.com

Passport name: Miguel Piñol Alda

Este documento es de libre circulación/modificación, aunque con algunas restricciones, bajo licencia “Atribución-NoComercial-LicenciarIgual 3.0 Genérica” (http://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/3.0/deed.es_CL).

1. ¿Dios existe?

Es muy, muy improbable. La existencia de Dios plantea muchas más preguntas de las que pretende resolver, si es que su existencia resuelve realmente alguna.

En primer lugar está su origen, es decir: si Dios existe, ¿quién creó a Dios? Si supongo una existencia, es obligado suponer un origen; y si supongo el origen, es obligado suponer un acto anterior de creación. La idea misma del Dios Creador del Universo presupone un Alguien previo a la Creación del Cosmos; si la idea es aplicable al Universo (a la Creación), ¿podemos extender el argumento al Creador mismo?

Las religiones y sus respectivas teologías plantean soluciones como las siguientes:

– Dios no tiene creador. El es el Creador, luego por definición no necesita presuponérsele una creación.

– Dios no tiene creador. El es la Causa Primera de la creación, por lo que no puede reclamársele un acto creador previo ya que anteriormente no existía nada (o existía la Nada).

– Dios no tiene creador. El ha sido, es y será; eternamente.

Es decir: la creación no es imputable al Hacedor por el hecho de que Él es el Hacedor. ¿Contesta esto a la pregunta de quién creó a Dios? En opinión de las religiones, sí (Dios mismo); en la nuestra, no. Más tarde abundaremos en el tema, aunque abro aquí una breve nota acerca de la estrategia religiosa de contestar a preguntas ampliamente abiertas (¿quién creó a Dios?) con lo que llamo “respuestas de cierre”, que no respuestas cerradas (Dios es el Creador primero, único y último. ¡Cierre!)

Obviamente podríamos recurrir a un argumento infinito: podemos suponer la existencia de un dios menor creado por otro mayor que a su vez fue creado por un tercero en discordia, y así ad nauseam. En cualquier caso, el problema del origen de Dios pone trabas a la cuestión de su existencia al abrir muchas más preguntas de las que pretende responder. Recurriré a este tema en cuestiones subsiguientes.

2. ¿No existe Dios?

Es muy, muy probable. Hoy en día la ciencia nos ha enseñado que el Universo tiene una explicación plausible y natural de su origen, existencia y desarrollo: hubo un Big Bang, hay una expansión, y hay una sustancia y una serie de fuerzas que a través de sencillas leyes de probada valía (la física newtoniana, la cuántica, la evolución de Darwin), explican el por qué y el cómo de la mayoría de los fenómenos observados y observables. Es más: lo hacen sin acudir, ni explícita ni implícitamente, a la idea o hipótesis de Dios. No la combaten, no la atacan; simplemente, no es necesaria.

3. ¿Existe el Universo?

Existe en la medida en que lo conocemos. Es además una estructura sujeta a unas pocas leyes conocidas y perfectamente cuantificables. Insisto: ninguna de esas leyes (físicas, químicas, biológicas) necesita de Dios para ofrecer explicaciones coherentes y comprobables.

4. Antes del Universo, ¿qué había?

Posiblemente nunca lo lleguemos a saber, aunque es una cuestión esencial para probar la existencia de Dios, no así la existencia del Universo, que ya lo explica la ciencia desde su primer segundo hasta cientos de miles de millones de años después (hoy en día).

Ejerciendo de abogado del Diablo, si es una cuestión esencial para la existencia de Dios, ¿cómo podemos ignorarlo? Lo ignoramos porque (1) no afecta la creación ni la existencia del Universo, (2) está fuera de lo observable y cuantificable, y (3) cabe la posibilidad de la Nada, de que ni siquiera hubiese un antes. Es por tanto terreno abonado para la fantasía donde efectivamente tiene cabida la idea de un Dios, pero también de Pegaso, el caballo alado, del mundo de dibus de Roger Rabbit o de cualquier excentricidad que a uno se le ocurra.

5. Después del Universo, ¿qué habrá?

Posiblemente lo mismo que antes. Ver pregunta anterior.

6. Si el Universo está regido por leyes inmutables, ¿cómo se fijaron?

No lo sabemos, aunque posiblemente al azar de los primeros nanosegundos. Si suponemos que fue un Dios, debemos volver a las muchas, infinitas preguntas que esto implica: ¿y por qué Dios fijó estas leyes y no otras? Y si Dios fijó las leyes, ¿qué leyes fijaron a Dios? ¿Quién/qué creó a Dios? Etc.

7. Las leyes del Universo han permitido la existencia del ser humano. El objetivo de dichas leyes, ¿es nuestra existencia?

Nuestra existencia es un resultado evidente del (buen) funcionamiento de las leyes que rigen el Universo. Sabemos que somos un resultado de, no la causa de. Si el día de mañana una pandemia fuerza la extinción de la raza humana y los delfines o las hormigas o el perro salchicha toman las riendas de nuestro planeta y llegan al punto de raciocinio de plantearse esta misma pregunta, posiblemente lleguen también a la conclusión de que son un mero resultado de la naturaleza y del Universo en su conjunto (aunque siempre habrá un bando religioso de los perros salchicha que prediquen que son la causa de).

8. Las leyes naturales, ¿tienen un objetivo?

Tener un objetivo presupone un cierto grado de conciencia. Si por ejemplo definimos brevemente la fuerza gavitatoria como aquella que regula la atracción de cuerpos materiales (sin entrar en mayor detalle), imputarle un objetivo sería ampliar la definición a la fuerza que regula la atracción de cuerpos materiales para ¿algo?, por ¿alguien?, con el fin ¿de?

Siguiendo el ejemplo de la fuerza gravitatoria, sabemos que puede cuantificarse y sabemos que se ajusta a precisos modelos matemáticos en los cuales la necesidad de una causa primera no es obligada; para explicar por qué cae la manzana del manzano no necesitamos plantearnos para qué cae, y el modelo funciona. De hecho el modelo deja de funcionar si introducimos la variable objetivo: de acuerdo a la mecánica newtoniana, podemos describir milimétricamente por qué la Tierra gira alrededor del Sol; si la pregunta es para qué gira alrededor del Sol, la respuesta es ninguna y lo son todas: para que la vida sea posible en el planeta o para que nuestro cerebro tenga el suficiente riego sanguíneo a la suficiente temperatura como para poderme permitir escribir este panfleto o para que Kim Jong-Il siga editando libros malísimos acerca del arte del cine o de la ópera o para que [INTRODUZCA AQUÍ SU OPINIÓN PERSONAL].

9. El Universo, ¿es opinable?

Sin duda, todo en esta vida es opinable. Es la gran ventaja que nos brinda un cerebro no gregario: pensar y opinar en base a nuestra propia experiencia personal. De todos modos, una cosa es opinar y otra que nuestra opinión se ajuste a la realidad. Kim Jong-Il puede opinar que el Universo es como es para que todo norcoreano (o turista) se incline ante su estatua de 20 metros de alto en Mansudae; lo hacen, efectivamente, y el Universo existe, efectivamente, pero es también opinable (muy opinable) que lo uno guarde correlación con lo otro. Lo que no es opinable es que ninguna ley natural conocida lo corrobore, con la diferencia apreciable de que la ley natural funciona siempre y no todos se inclinan ante la estatua en Mansudae.

10. ¿La opinión del individuo no cuenta para entender el Universo?

La comunicación humana es la base de nuestro conocimiento; y la comunicación parte de la opinión formada del comunicador. Sin embargo, debemos segregar la opinión razonada de la irrazonable. La opinión razonada intenta explicar, la explicación se convierte en hipótesis y la hipótesis, contrastada con la realidad empírica, puede (o no) alcanzar la categoría de teoría. La opinión personal, personalísima, es el germen del método científico.

11. ¿El método científico permite entender el Universo?

Sí. El método científico tiene la fuerza interna de la crítica: puedo opinar que una piedra cae a tierra por amor a la superficie, pero esta misma opinión me hace dudar cuando observo que la Luna o bien no le tiene tanto amor a la superficie terrestre como la piedra o, abiertamente, viven ambas una historia de evidente desamor. ¿Y de dónde le viene el amor a la piedra, o el desamor a la Luna? ¿Y cómo controlan ambas – y la superficie – este flujo y reflujo de sentimientos? Etc.

El método científico, la crítica, la duda, permiten en primer lugar descartar opiniones que no se ajustan a la realidad de lo observado; puede no ser el camino más recto hacia una respuesta, pero sí el más seguro.

12. ¿El método científico permite entender a Dios?

No. La clave del método científico, aparte de la crítica, es la observación: si no puedo observar, no puedo comprobar. Puedo opinar que Dios, como el amor de la piedra a la tierra, existe, pero no puedo comprobarlo.

13. Si el método científico no puede comprobar la existencia de Dios, ¿queda invalidado?

Tampoco puede comprobar la existencia de la Hidra de Lerna, de los klingon o del conejo de Alicia en el País de las Maravillas, lo que no invalida el método científico sino que atestigua una realidad: la imposibilidad de observar a la Hidra, a un klingon o al conejo de Alicia, por su inexistencia.

14. ¿La teología es un método alternativo al científico para probar la existencia de Dios?

Siendo la teología, por definición, el estudio de Dios, obviamente es un excelente método alternativo para probar su existencia.

15. ¿Qué argumentos propone la teología para probar la existencia de Dios?

Muchos y muy diversos, dependiendo de la escuela teológica y/o filosófica, la religión, la época, etc. En preguntas subsiguientes abordaré algunos de ellos.

16. ¿Prueba el argumento de la Causa Primera la existencia de Dios?

Este argumento y sus muchas versiones, viene a decir (más o menos): todo lo conocido, orgánico e inorgánco, grande o microscópico, blanco o negro, tiene un principio y una causa; debe haber, por tanto, una Causa Primera que lo justifique Todo. Esa Causa Primera es Dios.

Como ya venimos observando, la lógica de los argumentos a favor de la existencia de Dios cumple a rajatabla el principio de “respuesta de cierre”: de una simple premisa (que todo lo que es tiene un origen) se da un paso de gigante a una realidad mayúscula (por tanto, Dios existe), sin razonamientos críticos intermedios. Porque si nuestra premisa es que todo tiene un origen, ¿por qué no Dios? Y si Dios no tiene origen, ¿por qué buscarlo en Él, si ya tenemos el Big Bang conocido, estudiado y cuantificado, para entender el Todo? ¿O al Big Bang – que fue el principio – hay que aplicarle un origen y a Dios – que según el argumento de la Causa Primera, fue el verdadero alfa – no?

17. ¿Prueba el argumento de la complejidad de la naturaleza la existencia de Dios?

El argumento y sus versiones es como sigue: a pesar de que la teoría evolucionista se ha demostrado útil a la hora de explicar la diversidad natural, algunos aspectos de la naturaleza necesitan de una inteligencia o diseño consciente para explicar su complejidad.

Aunque la evolución explica de manera cada vez más y más detallada los procesos inherentes a la evolución de órganos tan sofisticados como el ojo, el argumento del diseño consciente (más que diseño inteligente) radica en un término tan subjetivo como es la complejidad: ¿qué es complejo y qué no es complejo? Las biomatemáticas han podido explicar el comportamiento de una colonia de hormigas al detalle; ¿no es complejo un hormiguero? ¿Es complejo sólo lo que la evolución no puede explicar? Por otro lado: ¿es más complejo un ojo – cuyo desarrollo sí que la explican las fuerzas evolutivas, aunque parcialmente – que el hormiguero, perfecta y científicamente razonado? La inteligencia humana es uno de los últimos reductos para justificar a Dios en el proceso evolutivo, con este argumento: difícilmente puede explicarse nuestra consciencia, nuestra creatividad, nuestra capacidad de abstracción, acudiendo a combinaciones bioquímicas y neuronales; se acepta que la existencia del cerebro sea obra de un proceso ciego (la evolución), pero no así la inteligencia humana. ¡Cierre!

A riesgo de pecar de evadirme mediante preguntas el llegar a una respuesta, ¿es realmente tan compleja nuestra inteligencia como para tener un origen más allá de las leyes de la bioquímica? Mi experiencia personal es que el ser humano se ha sobreestimado en demasía porque, ya puesto Dios a intervenir, ¿no podría habernos hecho realmente inteligentes?

18. ¿Prueba la idea de Dios la existencia de Dios?

Mucha gente a lo largo de muchos siglos y en muchos entornos socioculturales, han creído en Dios; Dios, por tanto, existe. ¡Cierre!

Este argumento cuantitativo peca de una evidente inconsistencia interna: todo depende del número, no de la existencia (o no) de Dios. Es decir, dándole la vuelta al argumento, si el día de mañana mucha gente a lo largo de muchos siglos y en muchos entornos socioculturales, no creen en Dios, ¿Dios deja de existir?

Además, un examen más cerrado de la cuestión destapa otra debilidad del argumento: mucha gente ha creído/cree en un Dios, ¿pero qué Dios? Hay Dioses buenos, malos, pasotas, vengativos, egipcios, griegos, romanos, trinidades, sólo uno, sólo muchos… ¿Con cuál nos quedamos? ¿Con el que mayor número de creyentes tenga?

19. ¿Prueban los mesías y los profetas la existencia de Dios?

El argumento de la existencia de Dios por la validez de sus profetas, es una curiosa reedición del dilema del huevo y la gallina: ¿creo en Dios porque creo en su mesías, o creo en su mesías porque creo en Dios? Y de nuevo nos encontramos ante el reto consumista de qué producto religioso avalamos: si creo en el profeta A, debo creer por extensión en su Dios A; pero si creo en el profeta A, también creo en la posibilidad de la existencia de profetas que traen la palabra de Dios. Ergo: si creo en el profeta A, debo también creer en el profeta B-Dios B, y así ad infinitum. Es decir: si creo en Jesús, ¿qué me impide creer en Mahoma o en David Koresh? Porque aceptando a Jesús, acepto la idea de que Dios envíe mensajeros terrenales; si Mahoma o David Koresh dicen serlo, ¿quién soy yo para no creerlo?

20. ¿Prueba la fe la existencia de Dios?

En conversaciones con personas (más o menos) religiosas, el argumento final tras el que suelen parapetarse es la fe: creer en Dios por un acto de voluntad. Es la “respuesta de cierre” por antonomasia y la negación de la crítica racional aplicada a la creencia personal: creo en Dios porque tengo fe, o dicho abiertamente: creo en Dios porque creo en Dios.

Ante la solidez de este argumento, la mejor respuesta es pasar a la siguiente pregunta.

21. ¿Es malo tener fe?

Tener fe es tan bueno o tan malo como buena o mala sea la persona. Hay quien cree en Dios y es buenísima persona; hay quien no cree en Dios, y es un diablo; etc.

La fe no es buena ni mala; es simplemente un error.

22. ¿Deriva la ética y la moral de la fe?

Sólo en parte y de una manera muy tamizada por infinidad de movimientos filosóficos y políticos desde el Renacimiento, porque la fe ha sido un hecho cultural humano desde nuestros mismos orígenes. Otra cosa es darle la vuelta a la relación ética-moral-fe, y proponer que sin fe no hay ética ni moral posibles. Yo soy profundamente ateo y no violo mujeres por la mañana, mato indiscriminadamente a la hora de comer y me acuesto apaleando homosexuales; hay sin embargo personas profundamente religiosas que sí lo han hecho y, en algunos (muchos) casos, en nombre de su propia fe.

23. Si la ética y la moral derivan (en parte) de la fe, ¿no es la fe intrínsicamente buena?

También la Inquisición, la yihad y el conflicto pesudonuclear India-Pakistán derivan de la fe, y no por ello la fe es intrínsicamente mala.

La fe en un Dios, cualquier Dios, es un hecho cultural humano producto de nuestra predisposición cognitiva y de los vaivenes de la historia; también hemos creído a lo largo de los siglos que la Tierra era plana y no por ello dejó de ser una esfera.

24. Sin fe, ¿no hay recompensa para el bueno y castigo para el malo?

La mayoría de las religiones pregonan la recompensa a través de la fe, con un matiz: sólo si se es bueno y creyente. Y es que el combo recompensa-castigo presentan un nuevo escollo a la validez de la fe y a la existencia de Dios, porque ¿cuál es el menú? ¿Puedo ser sólo algo bueno pero muy creyente para ganarme el Cielo o mejorar el kharma? ¿O dónde está la línea roja de la maldad para que Dios no me considere merecedor de padecimientos eternos?

Pretender ser ético y moral sólo por la recompensa o por miedo al castigo es como estudiar sólo para el examen: a la larga, no sirve de nada.

25. ¿Hay vida después de la vida?

Sí. Cuando el cuerpo muere, una miríada de microorganismos y procesos bioquímicos se encargan de reciclar para la naturaleza viva mis tejidos muertos.

26. ¿Es posible la vida sin Dios?

La vida sin Dios es un hecho. Desconozco el total de organismos en mi jardín que creen (o no) en Dios (aunque sospecho que mi jardín es mayoritariamente ateo), pero de algo estoy seguro: que viven su vida plenamente.

27. ¿Tiene sentido la vida sin Dios?

La vida sin Dios, es decir, la vida, tiene tanto o tan poco sentido como queramos darle. Si el objeto de mi vida es una recompensa postmortem, tiene un sentido; si lo es que mi vida no tiene sentido, lo tiene (porque vivo).

28. ¿Cuál es el fin último de la vida si no hay Dios ni objetivo marcado?

Fundamentalmente, vivirla y, en lo posible, disfrutarla.

29. ¿La vida entonces carece de sentido?

Todo lo contrario: la vida, como hecho biológico, nos regala X número de años para que los administremos a nuestro placer. No hay mayor acto de libertad que nacer, crecer y vivir de acuerdo a la (in)consistencia de nuestros criterios.

30. ¿Qué significa ser ateo?

Ser ateo significa, ante todo, no ir en contra de. Posiblemente no hay actitud intelectual más tolerante que la del ateo; no creer en Dios no significa no creer en nada. Ser ateo supone de hecho crear(se) una explicación del mundo que nos rodea crítica y, en la medida de lo posible, coherente, siempre desde la libertad de pensamiento y la independencia de criterio.

Ser ateo significa buscar respuestas. Si Dios queda descartado, el ateo debe esforzarse en los datos y en las evidencias, en contrastar, en pensar, en llegar a conclusiones razonadas.

Ser ateo significa creer en el valor unívoco de la vida: la vida es y debemos vivirla en plenitud.

Ser ateo no significa convertir el ateísmo en sustituto de la religión. El ateísmo no es una creencia, es una evidencia.

Ser ateo, en definitiva, es un acto personal, libre y racional.

Na Gatera, Mallorca, 20h25GMT+1, 3 de marzo de 2007

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2 respuestas a Breviario para un ateísmo militante

  1. karen dijo:

    MAGNÍFICO DOCUMENTO

    P.D: mi correo electronico no es real

  2. luciano tanto dijo:

    hola…. / el “problema” no es dios, sino lo que hacen las religiones y sus seguidores con esa idea, y la consecuente pretensión de constreñir a la humanidad a obedecer reglas inventadas a partir de esa convicción.
    sin perjuicio de dejar perfectamente en claro que se puede ser una buena persona y vivir una vida justa sin el peso de esas fábulas-religiones para adultos.
    creer es inevitable para mucha gente, sobre todo como consecuencia principal del miedo a la muerte y la posibilidad de una “existencia” mejor que la porquería que conocemos como realidad.
    en síntesis, lo aceptable sería que quienes creen, que crean, pero sin concederle autoridad para disponer del mundo. o sea, aplicar hasta su última consecuencia la civilizada idea de la separación estado/sociedad e iglesias.
    (claro, el otro problema es que -quienes creeen- no pueden tolerar a quienes cuestionan -desde la razón- la improbabilidad de la presunta existencia de la “vida eterna”, ya que este concepto pesa como un castigo sobre su estabilidad mental… y así volvemos al comienzo; los creyentes consideran inevitable, hasta “piadoso”, perseguir y a menudo matar a “infieles”, “paganos”, ateos, etc. en nombre de las varias divinidades a las que invocan, proclamadas por sus desquiciados profetas).
    en todo caso, la fe debería ser legislada como una cuestión personal, sin repercusióin pública, eventualmente resolvible a la hora de la muerte amén.

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